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La intención de este acompañamiento radica en darse cuenta de que ambos son fuente de inspiración y crecimiento para sus hijos. Ninguno más que otro. Los hijos los necesitan a ambos para lograr un desarrollo integral óptimo.
En un divorcio las personas que dejan de vivir juntos son los esposos, la pareja conyugal, cada uno debe vivir su propio duelo a través de un ciclo de acompañamiento individual, para sanar, cerrar la relación, aceptar su nueva realidad y lograr bienestar.
En la medida en que cada adulto avance en su propio proceso individual será capaz de hacer equipo, sumar esfuerzos, apoyarse en la crianza y buscar en todo momento el bienestar de sus hijos y de la familia.
Lograr un cambio de percepción y de paradigma con respecto a la familia forma parte de trascender la experiencia de divorcio.
Se puede decidir y aprender a vivir la experiencia de divorcio como una oportunidad para que la dinámica familiar cambie y se integren desde otro lugar. De esta manera los hijos siguen viviendo y nutriéndose de la contención, estructura y amor familiar.
Un divorcio no destruye a la familia solo la transforma. El divorcio disuelve la relación conyugal, pero de ninguna manera distancia o separa a los padres de los hijos ni a los padres como socios parentales.
Es posible críar y educar desde dos hogares diferentes, adaptándose a la nueva dinámica familiar. Los niños y adolescentes tienen derecho a convivir con ambos progenitores, a pertenecer y a sentir la contención de la familia.
Un divorcio no es motivo para que los niños sean separados de las familias de sus padres ni de sus familias de origen.
| 1 Sesión | $ 2,600 mxn ( 150 usd) |
| Ciclo de 3 sesiones | $ 6,210 mxn (360 usd) |
| Ciclo de 6 sesiones | $ 11,180 mxn (649 usd) |
| Ciclo de 12 sesiones | $ 18,630 mxn (1081 usd) |
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